Considerado el más serio de todos los pecados capitales es la fuente de la que se derivan los otros pecados. Se identifica con el deseo de ser el más importante y atractivo, la persona Soberbia jamás halaga a los demás.

Según John Milton en su obra “El Paraíso Perdido”, donde se dice que este es el pecado cometido por Lucifer al querer ser igual a Dios. Podemos definir la Soberbia con la creencia de que todo lo que hacemos es superior a todo lo que hagan los demás.

Podemos tomar la Soberbia en cosas vacías y vanas (La Vanidad), pero exaltada y a un nivel crítico y desmesurado (Prepotencia). Soberbia y Orgullo son sinónimos, aun cuando se le atribuyen a cada término connotaciones particulares.

Entre algunos de los sinónimos de la Soberbia podemos destacar: Altivez, Arrogancia y Vanidad. Como antónimos: Humildad, Modestia y Sencillez.

Como ejemplo podemos citar que una persona soberbia jamás pediría perdón, eso seria rebajarse y mucho menos pedir ayuda.

Las personas presas en la vanidad se jactan de sus bienes materiales o espirituales que creen poseer. Estas personas desean ser vistas, admiradas, consideradas, alabadas, honradas y endiosadas.

Esto puede conllevar al amor al dinero “Codicia” y también el amor al poder “Filargia”.

La Soberbia es un pecado capital asociado y controlado por Lucifer. En el film “El Abogado del Diablo”, Lucifer dice que la Vanidad es su pecado favorito. De acuerdo a la Teología Cristiana, la Vanidad hace que el hombre no necesite a Dios.

Es una forma de idolatría y es también llamado “El Vicio Maestro”. Friedrich Nietzsche dijo lo siguiente: “La Vanidad es la ciega propensión a considerarse como individuo no siéndolo”.

Mason Cooley dijo: “La Vanidad bien alimentada es benévola, una Vanidad hambrienta es déspota”. La Vanidad nos hace hablar más de lo que debemos y es común que el tipo de persona que sufre de la Vanidad, cometan errores muy seguidos.

La Vanidad nos hace pensar que todo el mundo siempre está a la expectativa de lo que hacemos y decimos, es por eso que esperamos cubrirnos de elogios, glorias y honores superfluos.

La Vanidad nos proporciona la ignorancia y eso se manifiesta cuando vivimos que sabemos más que todos.

  • La Humildad nos permite tener consciencia de nuestras incapacidades y también de nuestras insuficiencias.
  • La Humildad nos permite elevar nuestros pensamientos y así asumimos responsablemente nuestro nivel real de evolución espiritual. En esta forma estaremos seguros de estar adquiriendo “La Sabiduría”.
  • Las personas humildes saben callar y trabajan con prudencia.
  • Las personas vanidosas viven encandiladas por el brillo de las cosas exteriores, mientras que las personas humildes comprenden que estas cosas son espejismos porque existen metas superiores y espirituales, por las cuales hay que luchar y triunfar.
  • Las personas humildes saben brillar con luz propia y esto las personas vanidosas no lo pueden hacer.
  • Los ideales de las personas humildes son elevados y es por ello que la Superficialidad no le harán mella a sus metas y logros.
  • Las personas humildes tienen muchísimo que dar, porque viven creciendo espiritualmente.

Parapsicologo
Ramón Soto 

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