La Templanza es una virtud cardinal que regula la atracción por los placeres y procura el logro del equilibrio en el disfrute de los bienes creados. La Templanza domina La Voluntad y controla los instintos, manteniendo los deseos en un límite exacto.

Aristóteles se ocupada de La Templanza de forma explícita y Santo Tomás de Aquino la incluyó como una de las cuatro virtudes Morales – Cardinales.

La Templanza como toda virtud moral, se considera en el centro justo entre dos extremos viciosos como por ejemplo: La Insensibilidad y La Intemperancia. Las personas templadas orientan sus apetitos sensibles hacia el bien, son muy discretas y jamás se dejan arrastrar por la pasión.

“No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena (Si 18:30). En el Nuevo Testamento La Templanza es llamada “Moderación o Sobriedad”.

Las tendencias naturales hacia los placeres sensibles observados en: La comida, las bebidas y el deleite sexual, en sí es bueno por ser manifestación y reflejo de las fuerzas naturales, pero corren el peligro de desordenarse y convertirse en energías muy destructoras.

La palabra Templanza provienes del latín “Temperantia”, tomando en referencia a la temperatura.

En sentido análogo El Adjetivo Templado se aplica al medio entre lo cálido y lo frio, pero también lo que mantiene cierto tipo de equilibrio o armonía interna. También El Adjetivo Destemplado como descompuesto y desarreglado.

Hay varias virtudes que las podemos ir realizando poco a poco, una de ellas  es aprender a ser moderados, seguir por la calle del medio, ser austero y buscar el equilibrio en todo. En la actualidad la globalización mundial prácticamente nos induce a estar constantemente estimulados por diversos medios y así nos llevan a pensar, actuar de “Ciertas Formas Estereotipadas”.

Medios de comunicación masivos como la TV, internet, radio, periódicos etc. Nos influencian con la negatividad donde lo normal es “Los Parámetros Consumistas”. La Templanza nos ayuda y capacita a moderar el uso excesivo de los sentidos, sujetando esto al uso de la razón.

A esta virtud también la podemos llamar: Moderación, austeridad o sobriedad.

Cuando no tenemos moderación, entonces existe la posibilidad de que seamos esclavos de los placeres y estaremos dirigidos por el instinto, estando solamente a un paso de ser guiados por los impulsos y no por la razón.

La Templanza esta situada justamente en el centro entre la Abstinencia y El Exceso. No se trata solamente de moderarse y dominarse, se trata de lograr “Armonía” que nace de nuestro interior. Es absolutamente necesario armonizarnos interiormente.

Cuando tengamos deseos incontrolables, entonces será difícil lograr la felicidad, porque el deseo crecerá y crecerá y eso seria estar en el infierno de la satisfacción.

Otra poderosa tendencia del ser humano es llamado: “El instinto de Dominio” y una de sus manifestaciones es la necesidad de ser valorado, ante los demás incluso por uno mismo. El ser humano necesita recibir amor, pero previamente necesita ser valorado.

Psicológicamente este es el tema de “La Autoestima”, esta debe ser real, ni excesiva ni defectiva. No debemos valorarnos ni más ni menos de lo que somos, (Moderación). La forma de La Templanza que está operando aquí es “La Humildad”.

La Templanza también puede referirse al fuerte deseo de vengar la injusticia o de recuperar un derecho. La forma de Templanza llamada “Mansedumbre” que ordena y modera La Ira pero sin sofocarla.

Dios también quiso que el hombre disfrutara y tuviera placer, es decir que disfrutara de todo lo que Él había creado, sin embargo, el uso de esos bienes y su disfrute debe hacerse con medida y no con exceso. Es La Templanza lo que nos ayuda a ser equilibrados.

Es necesario pedir perdón por nuestros errores, luchar por lo que creemos justo, vivir en paz con los nuestros, en fin llevar una vida sencilla pero feliz y sin hacer daño a nada ni a nadie.

Se dice también que La Templanza es el fruto del Espíritu Santo, La Templanza surge como resultado de la autodisciplina, “La Templanza es la virtud donde radica la capacidad para que no se perturbe nuestro ánimo”.

“La Templanza y el trabajo constituyen las dos verdaderas medicinas del hombre: El trabajo aguza el apetito y La Templanza impide abusar de él”

Rosseau.

 

La Templanza es el más fino y delicado de los placeres.

Vicente Espinel.

 

Templanza: No comáis hasta el hastío, ni bebáis hasta perder el sentido.

Benjamín Franklin.

Ramón Soto.

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