La Esperanza como Virtud Teologal la podemos definir como el estado de ánimo, en el que se nos presenta como posible aquello que deseamos. Cuando tenemos Esperanza confiamos en conseguir lo que deseamos, creemos que ocurrirá lo que queremos.

La Esperanza la podemos tener en algo o en una persona. El verbo raíz hebreo qa-wáh, del que surgen varios términos que se traducen “Esperanza”, tiene también el significado de “Esperar con Anhelo” (Ge 49:18) y el sentido del termino griego
“El-Pis”, traduce como Esperanza en las escrituras Griegas Cristianas es: “Expectativa del Bien”.

Pero la Esperanza Verdadera de las que nos habla la palabra de Dios, es infinitamente superior al simple deseo que con seguridad carece de fundamento y hasta de perspectiva de cumplimiento.

Generalmente las personas del denominador común en todo el mundo no tienen una esperanza real y bien fundada. Creo con absoluta certeza que si no estamos encaminados correctamente sin la solución procedente de “La Fuente Superior”, pues el futuro no nos ofrecerá ninguna Esperanza.

Salomón dijo que la situación del hombre carece de importancia sin la intervención de Dios. Tampoco podemos negar que muchas personas en el mundo, tengan algunas expectativas bien fundadas y de repente hasta dignas de encomio. Pero debemos aprender que sin Dios nuestras Esperanzas no conducen a nada, en realidad a la larga son inútiles.

Hay esperanzas de menor importancia, están son normales y comunes en todos nosotros. También hay esperanzas que son malas en si mismas, estas son las que se abrigan con un fin inicuo, estas esperanzas pueden dar la impresión de que se realizan pero en realidad son temporales. Basta recordar el proverbio: “La Expectación de los Justos es un regocijo, pero La Esperanza misma de los inicuos perecerá”
(Pr 10:28). Además: “Cuando el Hombre inicuo muere también perece su Esperanza. Incluso hasta la expectación pasada en poderío ha perecido”
(Pr 11:7).  Por lo tanto las esperanzas egoístas, las basadas en fundamentos falsos del materialismo, mentiras, falta de honradez, están condenadas al fracaso.

Dios es la fuente de La Esperanza Verdadera y Él es el único capaz de cumplir sus Promesas y Esperanzas de todos los que confiamos en Él. Dios por medio de su bondad, también nos da consuelo y buena Esperanza (2Te 2:6). Se le llamó: “La Esperanza de Israel” “La Esperanza de los Antepasados de Israel” (Jer 14:8; 17:13; 50:7). Son muchas las expresiones de Esperanza, confianza y seguridad en el que se encuentran en “Las Escrituras Hebreas”.

La Promesa de Dios mantuvo viva La Fe y La Esperanza de los Israelitas fieles durante el exilio en Babilonia. La Esperanza no solamente es confianza y esperar en la intervención divina y salvadora de Dios, sino “Un Don del Espíritu Santo” que a través de su gracia nos orienta y fortalece las facultades del espíritu humano.

La Esperanza también la podemos definir como la espera deseosa y espiritual de la “Gloria Divina y Futura”. La certeza de La Esperanza se deriva de la Fe, y esta nos proporciona como anticipo de las realidades separadas.

La energía de La Esperanza depende de su nexo con La Caridad, es que La Esperanza es una “Tensión Activa”, que desea anticipar y apresurar la llegada del reino definitivo y mediante la siembra del “Espíritu Santo”, eso sí con la presencia de muchísimo amor. (Ga 6,7:8).

También podemos decir que La Esperanza es extendernos hacia adelante en las cosas espirituales que deseamos (Rm 8:25). La Tres Virtudes Teologales son como tres hermanas, las dos mayores llevan a la hermanita (Esperanza) de la mano, pero esta arrastra a las otras dos donde ella quiere ir. (Charles Péguy).

 

Pero la Esperanza a pesar de tener su fundamento y aliento en Dios, es frágil como una niña:

  • La Fe es una esposa fiel.
  • La Caridad es una madre ardiente.
  • La Esperanza es una niña.
  • La Fe es un soldado, un capitán que defiende la ciudad del rey.
  • La Caridad es una enfermera, una hermana de los pobres del rey, pero mi pequeña Esperanza es aquella que acompaña al pobre y al huérfano por los caminos de la vida.
La niña de mis ojos, la pequeña Esperanza, es una llama temblorosa, que atraviesa el espesor del mundo y de la historia; es un manantial de agua fresca que mantiene vivos todos nuestros sueños; es ella quien nos tiende la mano para iniciar el camino hoy, y para no detener la marcha a lo largo del curso y para caminar a ritmo humano, sereno, alegre y solidario.

Los tres momentos de la Esperanza: Espera del futuro, confianza en Dios y paciencia en la espera de lo venidero.

La Esperanza es la fuerza del espíritu que Dios despierta gracias a la cual el yo humano tiende hacia los bienes

invisibles del futuro con confianza y con paciencia.

La Esperanza en el futuro no desvaloriza el presente, debemos valorar al mundo como una realidad transitoria.

“Los invito a cultivar la Esperanza, una Virtud Teologal maravillosa”.

Ramón Soto.

“Pues sabemos que la creación entera hasta ahora gime y siente dolores de parto”. (Rm 8:22)

Parapsicologo
Ramón Soto.

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